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sábado, 20 de diciembre de 2008

Caminante

Para empezar este nuevo Blog(el anterior nadie lo ve ¬¬).Copio y pego una entrada que tenía en el otro. ME mola escribir de vez en cuando historias y eso, asi que...esta es una de ellas.




La pluma yacía rota y sangrante sobre el escritorio. Hecha pedazos. No pudo ni mirarla y decidió ahogar sus penas en litros de alcohol. Se preguntaba una y otra vez el por qué, por qué pasó aquello. Y por qué, aun hoy, no era capaz de preguntarlo en voz alta. Se miro su mano izquierda, estaba llena de sangre, bueno, mas bien era tinta, pero para el era sangre, su sangre. Su pluma se había quebrado. El había muerto, había sido asesinado por una ilusión, una historia, un imposible. No quiso aceptarlo, tenia que escribirlo, y cuando cogió la pluma, esta se partió en dos derramando su valioso liquido negro en forma de negras gotas de sangre.
Salió como pudo del bar y sin darse cuenta se encontraba tirado en el sofá, llorando como un niño pequeño, buscando el consuelo que nunca llegara, y lo sabe. Intentaba recordar, intentaba averiguar que es lo que podía haber pasado, que es lo que desencadeno tal fatídico fina. Por mas que pensaba, no lograba llegar a una conclusión. Agotado, dejo arrastrase hacia los brazos de Morfeo. A la mañana siguiente, seguiría buscando entre sus recuerdos, para entender ese final tan extraño.

Cuando un rayo de sol le dio en la cara, a duras penas se incorporo en el sofá. Aparto la chaqueta, una manta improvisada, y puso la cabeza entre sus manos. La pregunta, esa maldita pregunta le rondaba el cerebro, le clavaba un punzón candente, le removía la masa cerebral y no lo conseguí comprender. También el alcohol ayudaba a su incertidumbre, y la resaca no perdona ni a incautos ni a soñadores. Pasado un buen rato, decidió levantarse, dirigirse a la cocina, beberse tres vasos de agua y comenzó a pensar con claridad. Sabia que había intentado forzar a las musas, sabia que había jugado con varios ases en la manga, había hecho trampa y se habían vengado de ello. LE quedaba o la aceptación o la depresión. Opto por lo segundo, era lo fácil.
No supo cuanto tiempo paso en la cocina mirando los muebles, con la mente en blanco, en la misma posición, piernas estiradas, medio apoyado en la encimera y los brazos cruzados sobre el pecho. Tenia que tomar una decisión, y debía tomarla ya o seria demasiado tarde. Miro a la venta. Fuera, hacia el mismo tiempo que dentro de su cabeza, un vendaval de emociones y dolores le inundaban por completo, pero debía decidirse. Caminar o quedarse en el sitio esperando a una providencia que hacia mucho le había abandonado. Un rayo de sol inundo la cocina, esa era la señal que había estado esperando. Después de que amaneciera soleada la ciudad, negros nubarrones se comieron la luz bañando todo en sombras y furia. Así se encontraba el, era todo un vendaval, una tormenta en pleno esplendor, arrasando con todo lo que se encontrase en su camino. Entonces lo vio claro:
-Lo haré. Vivir es lo único que tengo.. Seguiré el camino, tengo curiosidad de saber donde termina. Es mi momento. Me marcho
Sonrió, lleno su mochila de ropa. Abrió la puerta y se marcho. ¿Para siempre?, eso, lo decidirá el destino.

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